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Gestionar las emociones

Gestionar las emociones

Las emociones son reacciones tanto físicas como psicológicas que representan nuestra manera de adaptarnos a estímulos ambientales. A nivel psicológico, las emociones son las que se encargan de decidir las respuestas que vamos a dar, y al mismo tiempo activar redes asociativas que son de relevancia en nuestra memoria.

Vamos a centrarnos en cinco emociones básicas agradables y otras cinco que son desagradables.

Emociones agradables:

  • Alegría
  • Sorpresa
  • Admiración
  • Curiosidad
  • Seguridad

Emociones desagradables:

  • Tristeza
  • Rabia
  • Culpa
  • Miedo
  • Asco

Esta clasificación no ha sido hecha al azar. Ya sean negativas o positivas, todas las emociones son necesarias, y el hecho de que sean positivas o negativas no depende de la emoción en sí, sino más bien si es escasa, o excesiva, y si es congruente con las circunstancias.

Lo que realmente es importante para la salud mental es la buena gestión que se haga de ellas.

Si se pregunta a cualquier padre qué es lo que desea para sus hijos, casi todos ellos nos responderán “lo que deseo es que mi hijo sea feliz”. Aparentemente la felicidad es el deseo más adecuado que se suele tener, pero lo cierto es que la emoción agradable que tiene más importancia es la seguridad. Sin ella, la felicidad no será más que un espejismo.

Partiendo de la seguridad, se puede disfrutar la felicidad cuando llegue. Hay que tener muy en cuenta que ser siempre feliz es algo imposible, y además podría incluso resultar negativo.

Así mismo, como ya se ha mencionado, las emociones tienen que ser congruentes con las circunstancias. Si perdemos a un ser querido y no sentimos tristeza, algo no va bien. Tampoco es normal si no somos felices casi nunca por nada. Y si ante una situación de peligro no sentimos miedo, probablemente acabaremos mal antes o después.

En cuanto a las emociones desagradables, su función suele ser protegernos contra el peligro. Pero si se generaliza una emoción como el miedo de tal manera que se acaba no siendo capaz de salir a la calle solo, esa emoción que debía servir para protegernos termina convirtiéndose en una enfermedad que dañará seriamente a nuestra calidad de vida y nuestra capacidad de adaptarnos al entorno.

Por tanto, no tenemos que sentir miedo de las emociones. Están ahí para avisarnos cuando algo no anda bien, para ayudarnos, y es muy importante que les prestemos atención. Y aunque puedan ser nuestras aliadas, si la gestión que hacemos de ellas no es adecuada en algún momento, es de vital importancia pedir ayuda cuanto antes a un buen gestor de emociones que nos pueda ayudar.

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