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Año nuevo, propósitos nuevos

Año nuevo, propósitos nuevos

¿Quién no comienza el nuevo año con decisión y buenos propósitos? Casi todos nos ponemos unos objetivos que queremos conseguir durante el nuevo año… pero muchos de ellos se quedan en aguas de borrajas con el paso de las semanas y los meses. ¿Por qué ocurre esto? Bueno, para empezar hay que tener en cuenta que hace falta algo más que una promesa para cambiar nuestro comportamiento. Y ahí es donde residen el problema y la dificultad para mantener firmes los propósitos que nos hacemos para el nuevo año.

Por eso, nunca viene mal echar mano de unos sencillos consejos que nos ayudarán a comenzar algo nuevo o cambiar algo que no nos termina de gustar.

  • Quererlo de verdad. Un cambio debe ser algo que realmente queramos, no algo que simplemente creemos que hay que hacer. Si la meta no es algo que realmente deseamos, es difícil cambiar nuestros hábitos y sólo conseguiremos fracasar.
  • Ser específico. Ponerse como objetivo “perder peso” es ambiguo. En cambio, si el objetivo es “perder 4 kilos antes de Marzo” la meta es clara y específica. Los objetivos tienen que lograrse de manera realista y específica, y por supuesto estando seguros de que lo podemos conseguir.
  • Positividad. Si utilizamos la palabra “no”, nos estamos recordando aquello que no podemos hacer. En su lugar debemos pensar de manera positiva, y en lugar de decirnos a nosotros mismos “no a los alimentos grasos” es mejor decir “leche sin grasa, y fruta para el postre”.
  • Autoconfianza. Puede que ya lo hayamos intentado antes, sin conseguirlo, pero eso no quiere decir que estemos condenados al fracaso. Para ganar en confianza tenemos que echar mano del pensamiento positivo y de la afirmación. Cambiar implica a menudo que por cada dos pasos adelante demos uno atrás, pero no debemos perder la confianza por ello. Al fin y al cabo, de todas maneras hemos avanzado un paso.
  • Ponérnoslo fácil. Si nos marcamos un objetivo, en lugar de querer hacerlo de golpe es mejor dividirlo en varias metas cortas y manejables. Por ejemplo, si nos apuntamos a un gimnasio podemos empezar yendo un par de veces por semana en lugar de cuatro o cinco. Y si salimos a correr es mejor empezar corriendo un kilómetro, posteriormente correr dos, y así sucesivamente.

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