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Orígenes de los complejos de inferioridad

Orígenes de los complejos de inferioridad

Casi todos alguna vez nos hemos sentido inferiores a otro por alguna razón. Es algo normal, y no es en absoluto un problema. El problema surge cuando el sentimiento de inferioridad es constante, la persona se compara (negativamente) con todos a su alrededor y pasa a ser un complejo que es difícil de superar.

Los complejos de inferioridad suelen tener su origen en una circunstancia o serie de ellas ocurrida tiempo atrás que provocó en la persona una sensación de inutilidad. Los eventos que pueden provocar esas impresiones falsas acerca de uno mismo son muchos y diferentes, y algunos de ellos son:

  • Tener un color de piel diferente que es motivo de burlas.
  • Haber recibido algún apodo humillante por parte de profesores o compañeros.
  • Ser físicamente débil comparado con otros.
  • Sufrir alguna discapacidad por la que se recibían burlas.
  • Sentirse físicamente poco atractivo.
  • No destacar en algún deporte que era popular en el colegio.
  • Pertenecer a una clase social más baja que los compañeros.
  • Haber sido tratado de estúpido, tonto o idiota por los padres.

El complejo de inferioridad suele darse a raíz de alguna diferencia que tenía la persona y provocaba que, al considerarla una desventaja, se sintiera inferior a los demás. Esto no significa que cualquiera que sea diferente de los demás vaya a sentirse inferior, sino que son las personas que llegan a creer que de verdad sus diferencias les convierten en inferiores las que desarrollan el complejo de inferioridad.

Un niño puede ser menos inteligente que sus compañeros de clase, pero no sufrirá un complejo de inferioridad si cuenta con el apoyo y cariño de sus padres, amigos y profesores, y a medida que crezca puede incluso llegar a ser más inteligente que los otros niños.

Compensación
No es inusual que quien sufre complejo de inferioridad intente compensarlo mediante sus propios logros, ya que lo ven como una manera de compensar su falta de aptitudes. Por eso no resulta extraño descubrir que muchas de las personas que cambiaron el mundo sufrían este complejo.

No es lo mismo ser inferior que sentirse inferior
Hay que tener muy claro algo importante en este aspecto, y es que no es lo mismo saber que se es inferior a otro que sentirse inferior constantemente. Saber que somos inferiores a otros en algún aspecto es algo normal, nada negativo y que no debe hacernos sentir malestar. No todos podemos jugar al baloncesto como Lebron James, tener el dinero que tiene Bill Gates, ser tan atractivos como Tom Cruise o ligar tanto como nuestro vecino o vecina. Pero eso no debe hacernos sentir inferiores al resto ni sentir que valemos menos.

Cada uno somos mejores o peores que otros en algo, y no podemos querer ser igual o mejores que los demás en todos los aspectos. Es algo que forma parte del ser humano, y tenemos que aceptarlo. Pero esto no quiere decir que no debamos tratar de mejorar. Si creemos que debemos tratar de ser mejores en algo, debemos hacerlo. Pero como parte de nuestro desarrollo personal, y no como una obligación al compararnos con otra persona.

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