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Tres verdades sobre el amor que pocos se atreven a admitir

Tres verdades sobre el amor que pocos se atreven a admitir

No se puede negar que el amor es un concepto que siempre ha sido idealizado. Lo vemos en la literatura, en el cine, en la televisión… Y siempre da la impresión de que el amor es perfecto, condescendiente, sufrido y que encontrarlo requiere de un gran sacrificio.

Cuando se crece creyendo en estas ideas, nos creamos falsas expectativas sobre el verdadero significado del amor, cosa que demuestran las relaciones fallidas que tenemos.

Y hay tres verdades que siempre creemos que son de otra manera, pero la realidad es que no es como lo imaginamos (o pocas veces responde a lo que nosotros creemos).

El amor no siempre significa compatibilidad
Enamorarnos de alguien no significa que a largo plazo esa persona sea la pareja adecuada. Mientras el amor es un proceso en el que intervienen las emociones, en la compatibilidad interviene la lógica. Y uno no necesariamente es igual al otro.

Un ejemplo de esto son las personas que se enamoran de otras que les tratan mal, que hace que piensen mal sobre sí mismas y se sientan mal sobre cómo son, y que no las respetan como ellas respetan al otro. Otro ejemplo son quienes se enamoran de alguien cuyos comportamientos o actitudes pueden arruinar su vida.

También podemos enamorarnos de una persona cuyos objetivos y ambiciones sean muy diferentes a los nuestros o los contradigan, o de alguien que tiene una visión de la vida o unas creencias que chocan con la manera en que nosotros vemos la realidad.

El amor no siempre es sacrificio
Una característica del amor es la capacidad que nos hace tener para pensar más en las necesidades de una persona que en las nuestras. Pero tenemos que preguntarnos (cosa que no siempre se hace) hasta dónde estamos dispuestos a sacrificarnos por nuestra pareja, cuánto estamos dispuestos a sacrificar y, sobre todo, si merece la pena.

Es normal sacrificar de vez en cuando, en la relación de pareja, los propios intereses y necesidades por la persona amada. No sólo es normal, sino que es sano y ayuda a la estabilidad de la relación. Pero cuando lo que sacrificamos es nuestro estado tanto físico como emocional, nuestra dignidad y nuestro autorespeto, el amor es más una fuente de problemas que de felicidad.

Una relación de pareja no debe reemplazar o intimidar la individualidad, sino complementarla.

El amor no siempre lo soluciona todo
A pesar de que el amor puede ayudar a resolver problemas y salvar una relación, siempre hay un límite y un punto final. Y cuando el amor es maduro además de verdadero, sabe cuándo es la hora de marcharse. Se puede soportar estar años con una persona, pero si las discusiones y los problemas siempre son iguales el amor no los ha arreglado porque se recae en ellos.

Ninguno queremos perder a la persona a la que amamos, pero no se puede estar cediendo siempre y viendo siempre cómo la otra persona empieza las discusiones, porque termina convirtiéndose en una montaña rusa muy dañina. Cuando se llega a ese punto, hay que pensar muy bien en cuánto aporta esa persona a nuestra vida,. sin caer en el sentimentalismo y sabiendo ser crítico.

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