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Alegría: una emoción los niños deben desarrollar

Alegría: una emoción los niños deben desarrollar

¿Qué es lo que hace que la alegría nos parezca una emoción tan especial? La pregunta parece carecer de sentido, pero no son muchas las personas que conocen los secretos que esconde esta emoción que para los niños resulta tan mágica.

A cualquiera le gusta sentir alegría y todo el mundo valora a las personas que no sólo son alegres sino que, además, lo demuestran constantemente. Queremos que los niños demuestren que son felices, que están contentos, mediante la risa, porque la alegría de los más pequeños es la señal más clara de su bienestar, felicidad y satisfacción.

Y todo el mundo quiere sentir alegría porque ésta aporta una sensación enorme de bienestar y de dicha. Cuando una persona se muestra alegre por algo, su percepción es más luminosa y todo parece trasformarse de manera que resulta más agradable. A veces esto no es más que una ilusión, pero sirve perfectamente para darnos un respiro de nuestra rutina diaria.

De ahí la enorme importancia de ser conscientes de nuestros momentos alegres y guardar dentro de uno mismo lo que los ha fomentado, ya que la alegría sirve de alimento al yo interior, hace que las personas se sientan a gusto consigo mismas y aporta la fuerza que se necesita para encarar esas situaciones difíciles que se experimentan en ocasiones.

Pero como ya hemos dicho en otros casos, la alegría no es una emoción en la que quedarse estancado ni anclado porque, si se pretende estar siempre alegre, se pierde la oportunidad tanto de aprender como de experimentar otras emociones que, aunque resulten menos agradables, también tienen su importancia.

Por eso los padres deben hacer todo lo posible por lograr la felicidad de sus pequeños, así como por aportarles situaciones y experiencias propicias para esta emoción, pero sin privarles del enfado, el miedo y la tristeza, ya que el mundo de las emociones ofrece un gran número de posibilidades de aprender, y todas y cada una de las emociones son necesarias para el niño y para su desarrollo.

Al mismo tiempo es necesario aportarles seguridad, protegerles de los peligros y acompañarles ayudándoles a desarrollar las habilidades que les permitirán afrontar con éxito la vida. Hay que ayudar a los niños a conocer la emoción de la alegría y a descubrir qué momentos o situaciones les hacen sentirla para que los guarden en su interior y puedan echar mano de ellos cada vez que lo necesiten. Pero no debemos olvidar que si les preparamos pensando sólo en el bienestar, estaremos limitando el desarrollo de todas sus habilidades. Y esto puede provocar que no sepan volar o caminar sin ayuda cuando sea necesario.