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La desobediencia y la falta de atención

La desobediencia y la falta de atención

No es raro encontrar a padres que se quejan de que sus hijos son desobedientes, no hacen caso, no hacen las cosas cuando se les dicen, y al final terminan gritándoles para que hagan lo que les han pedido.

Estos padres suelen encadenar sus enfados, y cuando se van a la cama lo hacen con sensación de culpabilidad. Por su parte, los niños creen que se les trata injustamente.

Y todo esto puede hacer que la convivencia de la familia se deteriore.

Para solucionar esta clase de problemas, siempre es necesario tener en cuenta tanto las características de los niños como las de sus padres. Pero hay ciertas pautas que pueden ser de gran ayuda:

En primer lugar, el niño tiene que entender que a partir de este momento, cuando se le llame o se le diga que haga algo sólo tendrá dos ocasiones para hacerlo.

Como ejemplo, vamos a poner el caso de llamarle para comer. Si el niño no viene inmediatamente, podemos tomar una de estas dos decisiones.

  • Vamos a buscar al niño para traerlo a comer.
  • Lo llamamos hasta dos veces, y tras la segunda empezamos a comer. Cuando el niño llegue, se le manda a comer a la cocina (lo que podría ser castigarle retirándole la atención) explicándole que si no había venido era porque no le apetecía comer con la familia.

Lo que no es recomendable es premiarle de manera inmediata (por ejemplo, dejándole comer alguna chuchería o dándole unas entradas para ir al cine), ya que aparte de que esto fomenta que el niño haga las cosas por interés, también es posible que el niño tenga que obedecer varias veces al día. Y si es así, tendríamos que darle demasiados premios o nos quedaríamos sin qué utilizar para premiarle cuando tenga conductas más complicadas.