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Cómo decir “no” a los niños

Cómo decir “no” a los niños

Hay ocasiones en las que es necesario disciplinar a los niños. Pero a menudo nos centramos en decirles directamente “no”, en lugar de ofrecer otras alternativas de carácter más positivo para obtener el mismo resultado.

Y es que esta expresión negativa se ha convertido en lo habitual a la hora de “corregir” un comportamiento o una actitud en los más pequeños, olvidando al mismo tiempo el efecto que esto puede tener en su crecimiento.

Si bien es cierto que cuando un peligro es real es necesario decir que no al niño, no es menos cierta la importancia de hacerlo de manera respetuosa, cariñosa y afectuosa.

Cómo rectificar el comportamiento de los niños sin decir “no”
A la hora de negar algo a un niño, en ocasiones es más recomendable ofrecer una alternativa que sirva al pequeño a entender la dirección en la que orientamos su educación. De lo contrario, el deseo del niño podría aumentar, así como su frustración, mientras al mismo tiempo su comprensión se bloquearía.

En otras ocasiones lo recomendable es restar importancia a la situación.

Sea como sea, hay ciertos consejos para ofrecer a los niños otras alternativas a una negativa tajante, como las siguientes:

  • Sugerirle que haga otra cosa diferente (a ser posible, similar o parecida).
  • Dejarlo para otro momento. De ser así, no debemos olvidar que tenemos que cumplir con nuestra palabra más adelante. Un ejemplo de esto es si estamos ocupados cuando el niño quiere jugar. Entonces Tenemos que recordar hacerlo cuando hayamos terminado con nuestra tarea.
  • Dejar claras las normas y el por qué se hace o no se hace. El niño tiene que saber que existen unas normas cívicas y sociales que no deben ignorarse, como el no tirar las cosas al suelo y echarlas a una papelera. Y esto es algo que, para su correcta educación, tienen que aprender desde muy pequeños.
  • Explicarle las consecuencias de lo que quiere hacer si actúa con insensatez, si rompe cosas, o si no quiere comer. Si lo comprende, cuando quiera hacerlo de nuevo será más capaz de razonar.

Además de esto, es importante que las “expresiones no verbales” como la mirada y los gestos no contradigan a nuestra negativa. Esto se consigue mediante la mezcla adecuada de firmeza y paciencia, sin dejar de lado la empatía.

Otro aspecto a tener en cuenta es saber diferenciar los caprichos de las verdaderas necesidades. De la misma manera que los niños tienen que ser conscientes de las consecuencias de sus actos, han de aprender también qué es lo que realmente necesitan. Y el primer paso para ello es la respuesta que le demos cuando sabemos que algo es un capricho.

Para finalizar, hay que ser dialogante y también tener sentido del humor. La naturalidad siempre será mejor que el drama. Y las risas, mucho mejores que los gritos.