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La claustrofobia, sus causas y sus síntomas

La claustrofobia, sus causas y sus síntomas

Habitaciones de las que se quiere huir… ascensores que se evitan… no viajar en Metro…. Este tipo de miedos limita las actividades diarias porque es muy común tener que subir a pisos altos, tener reuniones en habitaciones cerradas o utilizar medios de transporte. Y la claustrofobia hace que estas actividades puedan convertirse en un suplicio y, en ocasiones, un infierno.

Qué es exactamente esta fobia
La claustrofobia provoca en quienes la padecen un miedo irracional a quedarse encerrados en algún sitio o a no poder huir de un espacio cerrado. Este miedo suele surgir en habitaciones que no tienen ventanas, en ascensores o en medios de transporte cerrados como pueden ser aviones, vagones de metro o de tren o coches. También se puede dar en sótanos, en trenes, en cuevas o en cuartos de almacenaje.

La claustrofobia es un mal que afecta a nivel mundial a un porcentaje de alrededor del 6% de la población.

Cuáles son sus síntomas
Habitualmente los síntomas de la claustrofobia son de tipo físico como los mareos, las nauseas, el temblor o la sudoración. En algunos casos su gravedad aumenta y puede experimentarse hiperventilación, incremento de la presión arterial e incluso desencadenarse un ataque de pánico.

Cuáles son sus causas
Es habitual preguntarse por el origen de la claustrofobia, ya que la persona quiere tranquilizarse cuando se encuentra en alguna de las situaciones desencadenantes o lo que quiere e dejar de reaccionar con ansiedad en esos lugares cerrados donde los demás se encuentran tan calmados.

La causa de esta fobia puede encontrarse en alguna experiencia traumática vivida en el pasado, como haber caído en un agujero del que no se pudo salir en varias horas, o haber sido encerrado repetidas veces en el mismo sitio como castigo durante la infancia. Todo esto puede provocar ese pánico tan intenso a quedarse encerrado

También el suceso puede haber sido reciente, al haberse quedado la persona encerrada en un ascensor sin saber cuándo podría salir (y en ocasiones temiendo que pudiera caer hasta el piso bajo). Este tipo de experiencias pueden provocar pánico a subir en ascensores.